Recuerdo de pequeña escudriñar mi apariencia en el espejo, buscaba encontrar en el reflejo algún parecido con mamá.
-¿Ma, cara de qué tengo yo?-Pregunté algo desilusionada.
-¿Como cara de qué tenes? Tenes una carita hermosa mi amor.-Me contesto desde el tocador mientras se maquillaba.
-Pero yo quiero tener cara de Leonardo.
-¿Qué Leonardo? ¿Da Vinci?
-¡Nooooo ma! ¡Leonardo la tortuga ninja!
-¡Ya estas hablando pavadas! Mira que vas a querer tener cara de tortuga-Respondió tajante.
-No quiero tener cara de tortuga ¿Pero por lo menos me podes comprar el antifaz y las espadas para ir a la fiesta de disfraces de Caro?-En tono suplicante intenté solapar el capricho.
-¿Y el disfraz de hormiguita que te queda tan lindo? ¿Por que no lo queres usar? Solo te lo pusiste una vez. No me hagas gastar en tonteras.
-¡No es de hormiga ese disfraz! ¡¡¡TIENE ALAS MAMAAÁ!!!-Levante la voz y mis ojos se inundaron en lágrimas.
-¿¿¿Y que tiene??? ¿Acaso no hay hormigas voladoras también?-Me contradijo impaciente.
-¡¡Todos se burlaron de mi disfraz en la fiesta de Hallowing!! ¡¡¡ERA EL MÁS ESPANTOSO!!! ¡Más que el de Paulita!
-¿De que se disfrazó Paulita?
-¡¡¡NO SE DE QUE PORQUERIA SE DISFRAZÓ!!! ¡¡DE NADA, O DE HORMIGA, PORQUE SIEMPRE TERMINA SIENDO ASÍ!!!¡¡¡TODOS LOS QUE TIENEN DIZFRACES HORRENDOS Y RAROS RESULTAN SER HORMIGAS ALUDAS!!-Chillé irritada.
- ¿Y quien se burló de tu disfraz? ¡Contame!
-¡¡El BOLUDO de Marcelo!!
-¿Otra vez se la agarró con vos? ¡Que bárbaro! ¡Semejante bigotudo viejo! ¿Y que fue lo que dijo del disfraz que te ofendió tanto?
-Dij…Dij…-Los sollozos ahogaban mis palabras entrecortando las frases que quería pronunciar.-Dijo-jo-jo que las hormi-i-gass no tení-i-an alas y que las mo-mo-oscass ¡SIII! ¡Y-Y…. QUE YO ERA UNA MOSCA SUCIA DEL BASURAL!!!¡¡¡UHAAAA!!!-Como válvula de seguridad mi garganta abrió paso al llanto profuso, liberando de esta forma la angustia contenida. Mamá reaccionó algo contrariada al comprender la situación, pero intentó no perder los estribos:
-¡Que hijo de gran pu..!-Se contuvo- ¿Y tu hermano no te defendió? ¿¡No les explico que no eras una mosca del basural!?
-¡¡SIII!! ¡Que no era una mosca del basural les dijo, porque las moscas no son tan grandotas! ¡Les dijo que yo era una cucarachota roñosa y cloaquera! ¡¡¡¡ASI QUE NO PIENSO SER DE NUEVO LA CUCARACHOTA ESTUPIDA Y CLUACUDA DE TODA LA FIESTA!!!!-Cruce los brazos y le di la espalda, reafirmando así mi postura.
-¿Y por que vas a ser una cucarachota estúpida y cloacuda? ¿No podes ser una cucarachota picara y cloacuda?
-¡GRRRRRR! ¡TE ODIOOOO!
A pesar de las negativas por asumirlo mis rasgos eran la fiel impronta de mi padre; Rostro angulado, nariz recta y una pálida y fina piel que dejaba entre ver el surcado de los vasos más superficiales, eran prueba inequívoca de nuestra consanguinidad. Tardaría años en descubrir que en mis gestos, el tono de voz y la profundidad de mi mirada, la herencia de mamá estaba implícita.
jueves 8 de octubre de 2009
martes 8 de septiembre de 2009
Aquella mujer extraña
Hasta entonces no se habia hecho visible el firmamento. Permití a la brisa fresca que cada día soplaba a mi cara, acariciarme y llevarse un suspiro.
El ruido de la gente que pasaba se hizo audible, recordé de pronto, que había olvidado mi abrigo sobre la silla.
Al regresar a casa encontré sobre la mesa una taza de café vacía, los anteojos y a mi corazón destrozado. Restaba allí, inerte, como un objeto más, que puede ser olvidado al salir con prisa hacia el trabajo o cubrirse de polvo en lo alto de una estantería. Sentí temor, pues ¿Cuanto más podría vivir sin corazón? Gire sobre mi misma para tomar el teléfono y llamar a un doctor, fue entonces cuando descubrí a aquella mujer extraña parada frente a mi, observándome.
El susto me paralizo y no pude articular palabra alguna, sus ojos brillaban vivaces y en la boca esbozaba una sonrisa. Luego de mirarme unos segundos habló:
-¡Abre tu ventana!-Me ordenó con voz calma.
Sin vacilar hice caso al pedido de la intrusa, y un vendaval impetuoso ingreso por la abertura sin pedir permiso. Elevo consigo un par de papeles sueltos y a mi corazón destrozado. Intente en vano impedir que se lo llevara, porque acrobático y etéreo, sin el mas mínimo esfuerzo, se deslizo entre mis dedos y escapo por donde había ingresado.
Una vez libre aquel corazón destrozado, cual hojas secas en otoño, voló hasta el cielo y bailo con el viento sin rumbo fijo.
Volteé nuevamente hacia aquella mujer… Entonces la reconocí…Después de muchos años, la reconocí, altiva, integra y con ganas de vivir la vida, estaba allí frente a mí en el espejo.
El ruido de la gente que pasaba se hizo audible, recordé de pronto, que había olvidado mi abrigo sobre la silla.
Al regresar a casa encontré sobre la mesa una taza de café vacía, los anteojos y a mi corazón destrozado. Restaba allí, inerte, como un objeto más, que puede ser olvidado al salir con prisa hacia el trabajo o cubrirse de polvo en lo alto de una estantería. Sentí temor, pues ¿Cuanto más podría vivir sin corazón? Gire sobre mi misma para tomar el teléfono y llamar a un doctor, fue entonces cuando descubrí a aquella mujer extraña parada frente a mi, observándome.
El susto me paralizo y no pude articular palabra alguna, sus ojos brillaban vivaces y en la boca esbozaba una sonrisa. Luego de mirarme unos segundos habló:
-¡Abre tu ventana!-Me ordenó con voz calma.
Sin vacilar hice caso al pedido de la intrusa, y un vendaval impetuoso ingreso por la abertura sin pedir permiso. Elevo consigo un par de papeles sueltos y a mi corazón destrozado. Intente en vano impedir que se lo llevara, porque acrobático y etéreo, sin el mas mínimo esfuerzo, se deslizo entre mis dedos y escapo por donde había ingresado.
Una vez libre aquel corazón destrozado, cual hojas secas en otoño, voló hasta el cielo y bailo con el viento sin rumbo fijo.
Volteé nuevamente hacia aquella mujer… Entonces la reconocí…Después de muchos años, la reconocí, altiva, integra y con ganas de vivir la vida, estaba allí frente a mí en el espejo.
Fin.
Dedicado a todas las victimas de amores obsesivos, que enfrascados en sus propias convicciones y autocompasión se aferran con uñas y dientes a ese corazón destrozado que envenena a la razón y perpetúa la agonía de amor.
Dedicado a todas las victimas de amores obsesivos, que enfrascados en sus propias convicciones y autocompasión se aferran con uñas y dientes a ese corazón destrozado que envenena a la razón y perpetúa la agonía de amor.
Etiquetas:
Cuentos
jueves 13 de agosto de 2009
El tesoro del hechicero
Había una vez hace mucho tiempo en tierras lejanas un hechicero que vivía bosque adentro en una humilde cabaña. El anciano guardaba celoso desde hacia años un preciado tesoro, al ser este demasiado grande y pesado decidió compartirlo con alguna persona, de ese modo, le ocuparía menos espacio.
Arrastrando el tesoro consigo, partió de su hogar hacia la aldea más cercana. A mitad de camino, junto a la rivera del rió, se encontró con cuatro hermanos cuyos nombres eran: Nadie, Alguien, Cualquiera y Todoelmundo. El brujo determino entregar su tesoro a Cualquiera y así fue. Al caer el sol, se apareció de súbito, le obsequio su legado y lo advirtió: - Cuida del tesoro pues de lo contrario una gran maldición se alzara sobre ti y quienes osen profanarlo – Habiendo dicho esto, sin más, se desvaneció en la oscuridad.
Cualquiera podría haber cuidado del tesoro, pero no lo hizo, desilusionado comprobó que no poseía ningún valor material y lo abandonó. Alguien, aprovecho, y curioso intento descubrir de que se trataba aquel regalo, luego, Todoelmundo lastimo a este último, acabando el bien en malas manos.
Todoelmundo manoseo y jugueteo con el legado del anciano brujo, una vez ultrajado y contaminado el mismo, fue dejado de lado.
El último hermano, Nadie, tomo el objeto y lo examino, comprobó que se trataba de algo muy preciado, el tesoro era un "Secreto", decidió guardarlo y cuidarlo, pues era delicado.
Tiempo después, al anoticiarse el Hechicero que la curiosidad de Alguien alerto a Todoelmundo, que Cualquiera podría haber preservado el secreto y sin embargo Nadie lo hizo, se apareció ante ellos y rezo la siguiente maldición: - ¡No se puede confiar en Cualquiera, Todoelmundo se regocijara y contaminara los secretos y Alguien siempre saldrá lastimado! -
En cuanto al último hermano vaticino: - Nadie absolutamente Nadie sabe guardar un secreto.
Fin.
Moraleja: Los secretos son a veces tesoros grandes y pesados, es por eso que necesitamos compartirlos, sin saber que al compartirlos dejan de ser secretos, sin pensar que si no pudimos con el peso de los mismos, por que alguien mas habría de soportarlo por nosotros.
Este cuento es una adaptación del cuento “Nadie, Alguien, Cualquiera y Todo el mundo” cuyo autor es desconocido
Arrastrando el tesoro consigo, partió de su hogar hacia la aldea más cercana. A mitad de camino, junto a la rivera del rió, se encontró con cuatro hermanos cuyos nombres eran: Nadie, Alguien, Cualquiera y Todoelmundo. El brujo determino entregar su tesoro a Cualquiera y así fue. Al caer el sol, se apareció de súbito, le obsequio su legado y lo advirtió: - Cuida del tesoro pues de lo contrario una gran maldición se alzara sobre ti y quienes osen profanarlo – Habiendo dicho esto, sin más, se desvaneció en la oscuridad.
Cualquiera podría haber cuidado del tesoro, pero no lo hizo, desilusionado comprobó que no poseía ningún valor material y lo abandonó. Alguien, aprovecho, y curioso intento descubrir de que se trataba aquel regalo, luego, Todoelmundo lastimo a este último, acabando el bien en malas manos.
Todoelmundo manoseo y jugueteo con el legado del anciano brujo, una vez ultrajado y contaminado el mismo, fue dejado de lado.
El último hermano, Nadie, tomo el objeto y lo examino, comprobó que se trataba de algo muy preciado, el tesoro era un "Secreto", decidió guardarlo y cuidarlo, pues era delicado.
Tiempo después, al anoticiarse el Hechicero que la curiosidad de Alguien alerto a Todoelmundo, que Cualquiera podría haber preservado el secreto y sin embargo Nadie lo hizo, se apareció ante ellos y rezo la siguiente maldición: - ¡No se puede confiar en Cualquiera, Todoelmundo se regocijara y contaminara los secretos y Alguien siempre saldrá lastimado! -
En cuanto al último hermano vaticino: - Nadie absolutamente Nadie sabe guardar un secreto.
Fin.
Moraleja: Los secretos son a veces tesoros grandes y pesados, es por eso que necesitamos compartirlos, sin saber que al compartirlos dejan de ser secretos, sin pensar que si no pudimos con el peso de los mismos, por que alguien mas habría de soportarlo por nosotros.
Este cuento es una adaptación del cuento “Nadie, Alguien, Cualquiera y Todo el mundo” cuyo autor es desconocido
Etiquetas:
Cuentos
miércoles 8 de julio de 2009
Se que te va a gustar
-¡Tenes que cerrar los ojos! Es una sorpresa. Se que te va a gustar.-Insistió entusiasmado.
-Lo mismo dijiste cuando me regalaste el poncho feo de color azul.-Le conteste ya con ojos cerrados y resignada a sus bizarras ocurrencias teñidas de mal gusto varonil.
Al descender del automóvil, el olor a mierda me envistió. Con las tripas revueltas y haciendo caso omiso al pedido de Diego, abrí mis ojos…
El cuadro que tenia en frente, era desgarrador: Cuatro jaulas con capacidad reducida, dos contenían leones y las otras osos pardos, sendos animales hediondos y enjutos, con áreas desprovistas de pelaje, características que ponían en evidencia el estrés y mala alimentación de las fieras.
Un moscardón gigante del tamaño de un helicóptero me sacó del estado de consternación en el que me encontraba sumergida, instintivamente cerré mi boca y retrocedí un paso para dar lugar al insecto prepotente, le sucedieron miles de mosquitas mínimas de vuelo pesado pero consistente, estas, rodearon mi cabeza por completo. Temí por fosas nasales y orificios auditivos, entonces, desesperada y aturdida, comencé a dar manotazos imprecisos para librarme de aquella plaga, que cual hábiles verdugos, me condujeron a un ardid.
Distribuidos estratégica y tácticamente por todo el perímetro del campo, enormes montículos de bosta minaban el suelo. Durante el arrebato, accidentalmente, había pisoteado y desparramado con mi pie derecho, uno de ellos. Por unos segundos el ofuscamiento no me permitió evaluar la gravedad del asunto, pero al entrar en razón, el asco me paralizo y la ira encarnizada me hizo brotar lagrimas. Imaginaba quitándome en forma brusca el calzado y revoleándoselo por la cabeza a Diego, a fin de cuentas ¡Era el quien debía estar en mi lugar! Sin embargo, su expresión era agradable y despreocupada, inspiraba grandes bocanadas de aire, como si su órgano olfativo no captase los gases fétidos que lo contaminaban.
No tardo en notar mi actitud furibunda, con ceño fruncido, mirada aguda, dientes y puños constreñidos, también mi respiración manaba agitada y condensada, como la de un dragón alistándose a expeler su fuego. Entonces, él miro hacia abajo y pudo percibir por completo la escena.
-¡¡¡Uuuuuhh!!!-Se lamento hastiado el desubicado- ¿Cómo es que pisaste semejante sorete? ¡Me vas a llenar el auto de olor a mierda!-Su insolencia y mi paciencia habían sobrepasado los limites humanamente soportables.
Continuara…
-Lo mismo dijiste cuando me regalaste el poncho feo de color azul.-Le conteste ya con ojos cerrados y resignada a sus bizarras ocurrencias teñidas de mal gusto varonil.
Al descender del automóvil, el olor a mierda me envistió. Con las tripas revueltas y haciendo caso omiso al pedido de Diego, abrí mis ojos…
El cuadro que tenia en frente, era desgarrador: Cuatro jaulas con capacidad reducida, dos contenían leones y las otras osos pardos, sendos animales hediondos y enjutos, con áreas desprovistas de pelaje, características que ponían en evidencia el estrés y mala alimentación de las fieras.
Un moscardón gigante del tamaño de un helicóptero me sacó del estado de consternación en el que me encontraba sumergida, instintivamente cerré mi boca y retrocedí un paso para dar lugar al insecto prepotente, le sucedieron miles de mosquitas mínimas de vuelo pesado pero consistente, estas, rodearon mi cabeza por completo. Temí por fosas nasales y orificios auditivos, entonces, desesperada y aturdida, comencé a dar manotazos imprecisos para librarme de aquella plaga, que cual hábiles verdugos, me condujeron a un ardid.
Distribuidos estratégica y tácticamente por todo el perímetro del campo, enormes montículos de bosta minaban el suelo. Durante el arrebato, accidentalmente, había pisoteado y desparramado con mi pie derecho, uno de ellos. Por unos segundos el ofuscamiento no me permitió evaluar la gravedad del asunto, pero al entrar en razón, el asco me paralizo y la ira encarnizada me hizo brotar lagrimas. Imaginaba quitándome en forma brusca el calzado y revoleándoselo por la cabeza a Diego, a fin de cuentas ¡Era el quien debía estar en mi lugar! Sin embargo, su expresión era agradable y despreocupada, inspiraba grandes bocanadas de aire, como si su órgano olfativo no captase los gases fétidos que lo contaminaban.
No tardo en notar mi actitud furibunda, con ceño fruncido, mirada aguda, dientes y puños constreñidos, también mi respiración manaba agitada y condensada, como la de un dragón alistándose a expeler su fuego. Entonces, él miro hacia abajo y pudo percibir por completo la escena.
-¡¡¡Uuuuuhh!!!-Se lamento hastiado el desubicado- ¿Cómo es que pisaste semejante sorete? ¡Me vas a llenar el auto de olor a mierda!-Su insolencia y mi paciencia habían sobrepasado los limites humanamente soportables.
Continuara…
Etiquetas:
Relatos
sábado 27 de junio de 2009
Michael Jackson y Juan
Los castillos y palacios son un componente infaltable en los cuentos de hadas, asociados a sueños hechos realidad, nobleza, valor y el amor verdadero de la mano de un gallardo príncipe.
Las extensas y generosas dimensiones de sus alas dan una falsa impresión de libertad, con gigantescas torres que se alzan imponentes hacia el cielo, albergando suntuosas recámaras generosas en lujos y barrotes en las ventanas. El arte y belleza de estas antiquísimas obras maestras de la edad media, doblegan por su majestuosidad.
Sin embargo, yacen aislados y amurallados, rodeados de fosos con turbias aguas que ocultan bestias, no conforme con esto, en sus profundidades un universo paralelo de calabozos, mazmorras y cámaras de tortura, se cierne.
Octubre del 2008
-Cuando veo un castillo, pienso en personas como Michael Jackson- Le dije a Juan mientras depositaba en su mesa de luz, un obsoleto volumen de “The Jackson’s” que había sustraído de la colección de Long Plays de mi tío.
A principios de ese año a mi amigo le diagnosticaban “Linfoma de Hodkin”, y a pesar de los arduos esfuerzos realizados por médicos y enfermeros, el cáncer ya diseminado, le arrancaba del cuerpo a pedazos, los últimos restos de vida.
-Cuando veo a Michael Jackson pienso en mí-Me confesaba, mientras de reojo, observaba el viejo disco- En mí a los 12 años- Continuó con el relato. Cada vez que veía el video clip del tema “Black or White”, caía hipnotizado ante la pantalla. Con el tiempo aprendí un par de coreos y las bailaba en el colegio, eso me llevo al estrellato, jajaja- Se rió con nostalgia, y lo acompañe con una sonrisa que apenas disimulaba mis ganas de llorar.
Juan murió el 19 de octubre del 2008 en horas de la madrugada, llevábamos un año de conocernos, a pesar de eso, su partida me marcó, estuve dos semanas sin poder conciliar el sueño, luego del funeral. Fue imposible no relacionar una amarga vida plagada de reveces, con su afición por el protagonista de “Thriller” y una enfermedad fulminante a los 30 años de edad.
Creo que a Juan y a Michael Jackson los mató la tristeza, ojala me equivoque.
Este pequeño tributo lo dedico al gran astro pop, cuyos estigmas y heridas del alma se hicieron carne en su cuerpo, y una vez degradado hasta las condiciones más bajas, sucumbió ante sus culpas y miserias.
Será Dios quien tenga la última palabra.
Las extensas y generosas dimensiones de sus alas dan una falsa impresión de libertad, con gigantescas torres que se alzan imponentes hacia el cielo, albergando suntuosas recámaras generosas en lujos y barrotes en las ventanas. El arte y belleza de estas antiquísimas obras maestras de la edad media, doblegan por su majestuosidad.
Sin embargo, yacen aislados y amurallados, rodeados de fosos con turbias aguas que ocultan bestias, no conforme con esto, en sus profundidades un universo paralelo de calabozos, mazmorras y cámaras de tortura, se cierne.
Octubre del 2008
-Cuando veo un castillo, pienso en personas como Michael Jackson- Le dije a Juan mientras depositaba en su mesa de luz, un obsoleto volumen de “The Jackson’s” que había sustraído de la colección de Long Plays de mi tío.
A principios de ese año a mi amigo le diagnosticaban “Linfoma de Hodkin”, y a pesar de los arduos esfuerzos realizados por médicos y enfermeros, el cáncer ya diseminado, le arrancaba del cuerpo a pedazos, los últimos restos de vida.
-Cuando veo a Michael Jackson pienso en mí-Me confesaba, mientras de reojo, observaba el viejo disco- En mí a los 12 años- Continuó con el relato. Cada vez que veía el video clip del tema “Black or White”, caía hipnotizado ante la pantalla. Con el tiempo aprendí un par de coreos y las bailaba en el colegio, eso me llevo al estrellato, jajaja- Se rió con nostalgia, y lo acompañe con una sonrisa que apenas disimulaba mis ganas de llorar.
Juan murió el 19 de octubre del 2008 en horas de la madrugada, llevábamos un año de conocernos, a pesar de eso, su partida me marcó, estuve dos semanas sin poder conciliar el sueño, luego del funeral. Fue imposible no relacionar una amarga vida plagada de reveces, con su afición por el protagonista de “Thriller” y una enfermedad fulminante a los 30 años de edad.
Creo que a Juan y a Michael Jackson los mató la tristeza, ojala me equivoque.
Este pequeño tributo lo dedico al gran astro pop, cuyos estigmas y heridas del alma se hicieron carne en su cuerpo, y una vez degradado hasta las condiciones más bajas, sucumbió ante sus culpas y miserias.
Será Dios quien tenga la última palabra.
sábado 20 de junio de 2009
El Alemán
Dejó la jungla del asfalto y se fue a trabajar al campo, enseña allá, sus ojos claros y tez caucásica contrastan con el paisaje del Norte Argentino.
El Alemán o Gringo, como lo llaman, no se lleva bien con los lugareños, estos últimos entorpecen su vida (es lo que el dice), y comprobé la veracidad de sus palabras luego de observar, una montaña de roña, que la gentecita oriunda había desparramado con animosidad en su propiedad, mientras estaba ausente.
Con frecuencia violan las tranqueras y dejan pastar vacas y caballos en terrenos cultivados que posee. Le mataron varios camélidos, ovinos y una decena de perros entre otros bicharracos de su zoológico personal, donde la principal atracción es el.
Un nivel cultural abrumador y su carácter temperamental, lo confinan a una ermitaña vida entre cerros y quebradas, a los que recorrió, exploró y conoce como la palma de su mano.
Amante de la astronomía y herbología, se regocija orgulloso mientras desayuna al aire libre un té de hierbas autóctonas, entre los 500 árboles que plantó con sus propias manos (siempre hace hincapié en esto ultimo, al mismo tiempo expone sus palmas y las exhibe altivo)
Otra de sus pasiones es la parapsicología (le imploré millones de veces, sin éxito, que intentara no avergonzarme ante mis amistades con sus historias de espíritus, ectoplasma, poltergeist y toda la mar en coche) desde que fotografió y filmo un supuesto fantasma, y los estudios Discovery le confirmaron la presencia de dicha entidad.
No es un lugareño vago y oportunista que se rasca las bolas todo el día, ni un cheto, careta, con el culo sucio, pero eso si, con calzones de cuero de carpincho (así describe las dos caras de una misma moneda en sus amados Valles) el, simplemente, es mi papá.
¡Feliz día a todos los Padres, especialmente al mio!
El Alemán o Gringo, como lo llaman, no se lleva bien con los lugareños, estos últimos entorpecen su vida (es lo que el dice), y comprobé la veracidad de sus palabras luego de observar, una montaña de roña, que la gentecita oriunda había desparramado con animosidad en su propiedad, mientras estaba ausente.
Con frecuencia violan las tranqueras y dejan pastar vacas y caballos en terrenos cultivados que posee. Le mataron varios camélidos, ovinos y una decena de perros entre otros bicharracos de su zoológico personal, donde la principal atracción es el.
Un nivel cultural abrumador y su carácter temperamental, lo confinan a una ermitaña vida entre cerros y quebradas, a los que recorrió, exploró y conoce como la palma de su mano.
Amante de la astronomía y herbología, se regocija orgulloso mientras desayuna al aire libre un té de hierbas autóctonas, entre los 500 árboles que plantó con sus propias manos (siempre hace hincapié en esto ultimo, al mismo tiempo expone sus palmas y las exhibe altivo)
Otra de sus pasiones es la parapsicología (le imploré millones de veces, sin éxito, que intentara no avergonzarme ante mis amistades con sus historias de espíritus, ectoplasma, poltergeist y toda la mar en coche) desde que fotografió y filmo un supuesto fantasma, y los estudios Discovery le confirmaron la presencia de dicha entidad.
No es un lugareño vago y oportunista que se rasca las bolas todo el día, ni un cheto, careta, con el culo sucio, pero eso si, con calzones de cuero de carpincho (así describe las dos caras de una misma moneda en sus amados Valles) el, simplemente, es mi papá.
¡Feliz día a todos los Padres, especialmente al mio!
Etiquetas:
Generalidades
domingo 14 de junio de 2009
Esculpido por la mano de Dios
Matilde había sido dotada de una indiscutible belleza física, enormes ojos celestes capaces de hipnotizar a primera vista, carnosos labios rojos cual carmín que ostentaban una perfecta sonrisa, la naricita, apenas un porotito y su rostro angulado lucia enmarcado por una brillante y sedosa cabellera negra. A los a los 12 años ya estaba bien desarrollada, era alta, pechugona y muy putona también.
Practicaba hockey y los fines de semana después de cada partido, se contorneaba seductora frente a los jugadores de rugby con la pollerita en la puerta del orto y el palo lustroso (indicio de que jamás la hacían entrar a jugar). Yo la miraba recelosa y compungida desde la cancha de tenis, restregarse como gata en celos sobre el muchacho que me gustaba.
-¡Las fieras juegan al tenis!-Me hostigaba maliciosa aquella Matilde púber.
-¡Como no te metes el palo de hockey por el culo y lo sacas por la boca MATILDEE! ¡Así le das uso de vez en cuando, está tan nuevo como tu cerebro!-Le contestaba impotente y con el corazón destrozado, solo con ánimos de defenderme ante sus burlas macabras, frente a la pandilla de rameras hockistas y sus novios rugbiers musculados.
Afortunadamente su velocidad para revolear los calzones era inversamente proporcional a la de discernimiento, eso la convertía en blanco fácil a la hora de batirse en un duelo verbal.
Consideraba al silencio una virtud de la cual carecía, que con el tiempo aprendería a cultivar, pero en aquellas épocas de adolescente impulsiva, acomplejada y enamorada, mis emociones brotaban pasionales y explosivas.
El hábil manejo de mi lengua filosa, no compensaba los malos momentos ni la angustia que me provocaban los escarnios propinados por aquellas jovenzuelas curbilineas y candentes. Como si esto fuese poco, a mi reputación de “looser “le sumaba la presencia de nuevas compañeras de tenis, las gemelas Lilia y Liliana, dos mamertas que se vestían igual.
El ultimo gran episodio había ocurrido cuando Matilde, cegada por el odio intento darme una golpiza, yo, ágil cual gacela, la evité y le respondí con un raquetazo en el juanete, una vez tumbada en el suelo y aullando de dolor, la patee varias veces como a un perro, Lilia y Liliana se sumaron al escarmiento. Por supuesto que ella y su equipo de reventadas no tardaron en hacer leña del árbol caído, nos delataron al comité directivo del club.
Dejé el tenis y con el muchas frustraciones, tuve sed de venganza, pero el tiempo fue curando las heridas. En cuanto a Matilde (por supuesto que la veo, somos vecinas, pero ya no la odio, bueno tal vez solo un poco) engordo demasiado, los años de constante desidia fueron capaces de deteriorar los sutiles y exquisitos rasgos que habia esculpido la mano de Dios.
Practicaba hockey y los fines de semana después de cada partido, se contorneaba seductora frente a los jugadores de rugby con la pollerita en la puerta del orto y el palo lustroso (indicio de que jamás la hacían entrar a jugar). Yo la miraba recelosa y compungida desde la cancha de tenis, restregarse como gata en celos sobre el muchacho que me gustaba.
-¡Las fieras juegan al tenis!-Me hostigaba maliciosa aquella Matilde púber.
-¡Como no te metes el palo de hockey por el culo y lo sacas por la boca MATILDEE! ¡Así le das uso de vez en cuando, está tan nuevo como tu cerebro!-Le contestaba impotente y con el corazón destrozado, solo con ánimos de defenderme ante sus burlas macabras, frente a la pandilla de rameras hockistas y sus novios rugbiers musculados.
Afortunadamente su velocidad para revolear los calzones era inversamente proporcional a la de discernimiento, eso la convertía en blanco fácil a la hora de batirse en un duelo verbal.
Consideraba al silencio una virtud de la cual carecía, que con el tiempo aprendería a cultivar, pero en aquellas épocas de adolescente impulsiva, acomplejada y enamorada, mis emociones brotaban pasionales y explosivas.
El hábil manejo de mi lengua filosa, no compensaba los malos momentos ni la angustia que me provocaban los escarnios propinados por aquellas jovenzuelas curbilineas y candentes. Como si esto fuese poco, a mi reputación de “looser “le sumaba la presencia de nuevas compañeras de tenis, las gemelas Lilia y Liliana, dos mamertas que se vestían igual.
El ultimo gran episodio había ocurrido cuando Matilde, cegada por el odio intento darme una golpiza, yo, ágil cual gacela, la evité y le respondí con un raquetazo en el juanete, una vez tumbada en el suelo y aullando de dolor, la patee varias veces como a un perro, Lilia y Liliana se sumaron al escarmiento. Por supuesto que ella y su equipo de reventadas no tardaron en hacer leña del árbol caído, nos delataron al comité directivo del club.
Dejé el tenis y con el muchas frustraciones, tuve sed de venganza, pero el tiempo fue curando las heridas. En cuanto a Matilde (por supuesto que la veo, somos vecinas, pero ya no la odio, bueno tal vez solo un poco) engordo demasiado, los años de constante desidia fueron capaces de deteriorar los sutiles y exquisitos rasgos que habia esculpido la mano de Dios.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
